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El verdadero problema de los datos públicos en México.

No es que falten datos. Es que están escritos para archivarse, no para decidir.

Renata Solís2 min de lectura

México publica muchos datos. Portales de transparencia, catálogos, reportes en PDF, hojas de cálculo colgadas en algún sitio. Visto de lejos, parece un país con una cultura de datos abiertos razonablemente madura. Visto de cerca, el panorama es más incómodo.

El problema no es la cantidad. Es que la mayoría de esos datos están diseñados para cumplir, no para usarse. Se publican para satisfacer una obligación, con la forma que le convino a quien los generó, y no con la forma que necesitaría quien quiere tomar una decisión con ellos.

Publicar no es abrir

Un PDF de trescientas páginas es público, pero no es utilizable. Una hoja de cálculo con encabezados fusionados, totales a mano y notas al pie es pública, pero no es abierta en ningún sentido operativo. Entre el acto de publicar y el acto de decidir hay un trabajo de limpieza, estructura y contexto que rara vez alguien asume.

Estado del dato¿Público?¿Utilizable para decidir?
PDF escaneadoCasi nunca
Hoja con formato humanoCon trabajo considerable
Tabla estructurada y documentada
La distancia entre publicar y poder decidir.

A quién excluye el desorden

Cuando usar un dato público requiere semanas de limpieza, el dato deja de ser público en la práctica. Solo lo aprovecha quien puede pagar ese trabajo. El desorden, lejos de ser neutral, concentra el acceso a la información en las organizaciones más grandes.

Un dato que solo pueden usar quienes tienen un equipo para limpiarlo no es un dato abierto: es un privilegio con apariencia de transparencia.

Transparencia de apariencia

Hay un costo político en este desorden que rara vez se nombra. Cuando los datos son técnicamente públicos pero prácticamente inusables, se produce una transparencia de apariencia: se cumple la forma sin habilitar el escrutinio. La rendición de cuentas se vuelve un ejercicio para especialistas, no un derecho que cualquier ciudadano pueda ejercer con un esfuerzo razonable.

El arreglo no exige tecnología de punta. Exige una decisión sobre qué significa cumplir: dejar de medir la transparencia por la cantidad de archivos publicados y empezar a medirla por cuánto trabajo cuesta llegar de esos archivos a una conclusión. Es un cambio de estándar, no de presupuesto.

La propuesta editorial es simple de enunciar y difícil de sostener: tratar la usabilidad como parte de la obligación de transparencia. No basta con publicar. Hay que publicar de manera que una persona con conocimiento razonable pueda llegar a una decisión sin reconstruir el dato desde cero.

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Referencias

  • Principios internacionales de datos abiertos y su distinción entre disponibilidad y usabilidad.
Renata Solís

Dirección editorial · Estrategia de datos

Escribe sobre cómo las organizaciones mexicanas pasan de acumular datos a tomar decisiones. Le interesa la frontera entre política pública, operación y tecnología.

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